NIÑOS EN CUARENTENA

La pandemia ha modificado nuestras rutinas y estilos de vida, siendo los niños y niñas los más vulnerables en este sentido, al ser muchas veces los afectados “invisibles”.

El confinamiento, la pérdida de contacto físico con seres queridos (abuelos, tíos, amigos), la interrupción de sus actividades habituales, como ir al colegio o jardín, la imposibilidad de disfrutar al aire libre, entre otras cosas, es la realidad actual.

A esto debemos sumar padres angustiados por lo que estamos viviendo y/o cansados por el teletrabajo y la falta de tiempo.

Esta situación está generando consecuencias en muchos niños/as, que se evidencian en cambios en su conducta habitual: rechazo a los alimentos, retroceso en el control de esfínter, irritabilidad, desgano, llanto repentino, desorden en los horarios de sueño, pesadillas o mayor necesidad de contacto físico, por señalar algunos.


¿Qué podemos hacer los adultos?

- Contención: Es importante acogerlos y demostrarles afecto, haciéndoles saber que estamos para ellos, en especial cuando son más pequeños y aún no pueden verbalizar sus emociones. Muchas veces un simple abrazo ayuda a sentirnos mejor.

- Conversar: Explicar en un lenguaje sencillo lo que está ocurriendo (mencionar que es una situación pasajera) y dar espacios para que, dentro de sus posibilidades, puedan expresar cómo se sienten, validando sus sentimientos: “¿me quieres contar cómo te sientes?... es normal que a veces tengamos pena o rabia cuando algo no nos gusta, ¿se te ocurre alguna cosa que podríamos hacer para sentirnos mejor?”

- Rutina: Establecer horarios para realizar actividades permanentes, tales como hora de comidas, descanso, juego y aprendizaje. Esto les permite anticipar, dándoles seguridad y confianza.

- Espacio: Si es posible, ambientar algún lugar de la casa donde puedan realizar sus actividades y que lo sientan como propio. No es necesario un gran espacio, se puede implementar un rincón con una mesita, cojines u otros, donde se sienta cómodo y a gusto.

- Tiempo para compartir: Programar un momento en el día para compartir, enfocándonos en la calidad más que en la cantidad. Podemos cenar juntos, bailar, conversar de diversos temas, llamar por teléfono o video a algún ser querido, planear algún proyecto (como hacer un frasco de la calma, una maqueta o armar un rompecabezas grande, por ejemplo).

Finalmente, cabe mencionar que como adultos también podemos sentirnos afectados, por lo que apoyarnos en nuestro entorno cercano puede ser de gran ayuda.


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Francisca Vigorena

Directora San San

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